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Javi, Storia

Adiós a un gran político

Hace tiempo que no escribo, por diversos motivos: exámenes, compromisos familiares, trabajo…
Pero hoy, aún con exámenes por hacer (mañana tengo uno) hago un esfuerzo para escribir unas simples palabras que traten de perpetuar la figura de un hombre grande que nos dejó ayer. La palabra perpetuar quizá esté fuera de tono. Escribiendo esto no perpetuaré a nadie. No creo que haga falta escribir nada para NO olvidar la figura del primer Presidente del Gobierno de España tras la muerte de Francisco Franco.  Un hombre joven que se vio rodeado de un grupo de personas muy dispares de ideales contrapuestos y él se veía con la obligación de trabajar para tratar de satisfacerlos a todos (en la medida de lo posible).
Tuvo un pasado cercano al Movimiento Franquista como Ministro secretario general del Movimiento.
Antes fue directos de Radio Televisión Española, donde utilizó su puesto para ensalzar la figura del príncipe Juan Carlos (ahora rey).
Cuando murió Franco, el rey le propuso formar Gobierno y Suárez aceptó. La decisión sentó como una patada a todos aquellos que ansiaban el poder. En cambio Juan Carlos, ya convertido en Juan Carlos I escogió a un político joven, con carisma y sin unos ideales fijos e inamovibles como podían tener los otros.

Adolfo tenía el deber, la obligación, el honor, de devolver a España (en la medida de lo posible) todo lo que se empezó a perder en el 36 y lo que se perdió definitivamente en 1939. Legalizó el Partido Comunista (lo que le costó un gran número de amistades). Convocó las primeras elecciones generales democráticas desde 1936, permitiendo votar a la mujer. Elaboró, junto a todos los partidos políticos, la Constitución del 78. Estableció de nuevo relaciones internacionales perdidas durante el franquismo. Y cuando se dio cuenta que no contaba con el apoyo de los suyos… decidió marcharse para no complicar el proceso democrático. Durante la sesión de investidura de su sucesor (Leopoldo Calvo Sotelo), un grupo de guardias civiles interrumpió la sesión parlamentaria dando comienzo al último Golpe de Estado de la Historia de España. Era el 23 de febrero de 1981.
Aquel día Suárez cumplió con su papel. Era el Presidente y no iba a bajar la cabeza ante nadie que quisiera tumbar todo el trabajo realizado.
Después fundó otro partido pero el fracaso fue estrepitoso.
El rey le concedió el título de Duque de Suárez y vivió recibiendo homenajes (conforme pasaba el tiempo más) y al final tuvo que abandonar la vida pública por culpa del alzheimer.
Las presiones vividas, la pérdida de su mujer y de su hija (enfermas de cáncer) y las traiciones que sufrió pudieron contribuir al desarrollo de esta extraña enfermedad.
Ayer nos dejó para siempre. Para siempre. Es… duro, pero el curso natural de las cosas son así. Y el de las cosas vivas más aún.
Estos días han servido para el recuerdo, pero no podemos quedarnos en estos días. Mañana lo enterrarán junto a su mujer en el claustro de la catedral de Ávila, pero no puede terminar ahí la cosa. No puede caer en el olvido.
Carisma, percha, planta, honradez, sinceridad, cercanía, honestidad…
Ya no quedan políticos así. Ya hace tiempo que no quedan. Lástima.

di Javi Bono

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